Fuente: HispaMp3.
Las personas mayores de cuarenta años y con barriga abultada corren mayor peligro de sufrir demencia cuando llegan a los setenta, revela un estudio divulgado hoy por la versión en internet de la revista "Neurology".
Según los científicos de la División de Investigaciones de Kaiser Permanente, una aseguradora de salud, esta es la primera vez que se demuestra una vinculación directa entre la mayor circunferencia de la cintura y el riesgo de la demencia.
Otros estudios han demostrado que, en general, el exceso de peso aumenta el riesgo de diabetes, derrames cerebrales y enfermedades cardiovasculares. El estudio de la obesidad abdominal en una persona de mediana edad puede ser un indicador de disfunción metabólica que conduce a un riesgo de demencia, dijo Rachel Whitmer, científico de Kaiser Permanente y autora del estudio.
Explicó que esa obesidad abdominal en personas de edad avanzada no es un buen indicador dado que con el envejecimiento existe la tendencia natural de perder masa muscular y ósea así como a aumentar el diámetro de la cintura.
"Esta es una conclusión preocupante si se considera que en EE.UU. el 50 por ciento de los adultos tiene obesidad abdominal", manifestó Whitmer. La investigadora explicó que las autopsias han mostrado que los cambios en el cerebro vinculados al mal de Alzheimer pueden comenzar en la juventud o en la edad mediana.
Otro estudio, agregó, ha establecido que el nivel de adiposidad abdominal en adultos de edad avanzada tenía vinculación con la atrofia cerebral. "Estos descubrimientos implican que los efectos peligrosos de la obesidad abdominal en el cerebro pueden iniciarse mucho antes de que aparezcan los síntomas de la demencia", señaló Whitmer.
Para llegar a esta conclusión, los investigadores de Kaiser Permanente estudiaron a 6.583 personas de entre 40 y 45 años a quienes se midió su densidad abdominal. Treinta y seis años después de comenzar el estudio, un 16 por ciento de los participantes habían desarrollado demencia.
El estudio determinó que quienes sufrían sobrepeso y lucían una barriga abultada tenían 2,3 más probabilidades de desarrollar demencia que personas con un peso y una barriga normales. En el caso de la gente obesa y con un diámetro de cintura muy pronunciado el peligro aumentaba a 3,6 veces.
Por otra parte, en las personas con sobrepeso u obesas pero sin una barriga demasiado grande el mayor riesgo de demencia era de un 80 por ciento, indicó el estudio.
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jueves, 27 de marzo de 2008
martes, 19 de febrero de 2008
Los mensajes de estómago lleno no llegan adecuadamente al cerebro de las personas con sobrepeso
Fuente: Solo Ciencia.
Simulando sensaciones de estómago lleno mediante un globo expandible, Gene-Jack Wang (autor principal del estudio) y sus colegas observaron la activación de áreas diferentes del cerebro en personas de peso normal y con sobrepeso.
Los sujetos con sobrepeso presentaban menos activación en las partes del cerebro que señalan saciedad en los de peso normal. Los primeros eran también menos propensos que los otros a notar saciedad cuando sus estómagos estaban moderadamente llenos. Estos hallazgos proporcionan nuevas evidencias para responder por qué algunas personas continúan comiendo a pesar de haber ingerido una ración de tamaño moderado que debiera bastarles.
Wang y sus colegas estudiaron el metabolismo del cerebro de 18 individuos con índices de masa corporal que oscilaban entre 20 (peso bajo/normal) a 29 (sobrepeso extremo / umbral de la obesidad). Cada participante del estudio tragó un globo, que entonces era inflado con agua, vaciado, e inflado de nuevo, a volúmenes que variaban entre el 50 y el 70 por ciento. Durante este proceso, los investigadores usaban resonancia magnética funcional por imágenes (fMRI) para examinar los cerebros de los sujetos. A estos también se les pidió durante las diversas fases del estudio que describieran cuán lleno sentían su estómago. Cuanto más alto era su índice de masa corporal, más baja resultaba ser la probabilidad de que confesaran sentirse "llenos" cuando el globo estaba inflado al 70 por ciento.
Cierta región del cerebro se activaba menos en los sujetos con alto índice de masa corporal, mientras que lo hacía más en los sujetos sin sobrepeso. Esta activación se producía cuando los sujetos de estudio decían sentirse llenos. Los que más apetito reconocían sentir tenían las menores tasas de activación en ese punto del cerebro. Así, este estudio proporciona la primera evidencia de la conexión entre dicha región y las sensaciones de hambre o saciedad mientras el estómago está siendo llenado, demostrando, según los investigadores, que su activación suprime el apetito.
Los científicos observaron también una gama de hormonas que regulan el sistema digestivo, para ver si desempeñaban algún papel en las respuestas a las sensaciones de saciedad. La grelina, una hormona conocida por estimular el apetito y causar saciedad a corto plazo, mostró la mayor relevancia. Los investigadores constataron que los individuos que tenían los más altos incrementos en los niveles de grelina después de que sus estómagos estuvieran moderadamente llenos, presentaban también la mayor activación de esa región del cerebro. Esto sugiere que la hormona grelina puede controlar la reacción de esa región del cerebro a las señales de saciedad enviadas por el estómago.
Simulando sensaciones de estómago lleno mediante un globo expandible, Gene-Jack Wang (autor principal del estudio) y sus colegas observaron la activación de áreas diferentes del cerebro en personas de peso normal y con sobrepeso.
Los sujetos con sobrepeso presentaban menos activación en las partes del cerebro que señalan saciedad en los de peso normal. Los primeros eran también menos propensos que los otros a notar saciedad cuando sus estómagos estaban moderadamente llenos. Estos hallazgos proporcionan nuevas evidencias para responder por qué algunas personas continúan comiendo a pesar de haber ingerido una ración de tamaño moderado que debiera bastarles.
Wang y sus colegas estudiaron el metabolismo del cerebro de 18 individuos con índices de masa corporal que oscilaban entre 20 (peso bajo/normal) a 29 (sobrepeso extremo / umbral de la obesidad). Cada participante del estudio tragó un globo, que entonces era inflado con agua, vaciado, e inflado de nuevo, a volúmenes que variaban entre el 50 y el 70 por ciento. Durante este proceso, los investigadores usaban resonancia magnética funcional por imágenes (fMRI) para examinar los cerebros de los sujetos. A estos también se les pidió durante las diversas fases del estudio que describieran cuán lleno sentían su estómago. Cuanto más alto era su índice de masa corporal, más baja resultaba ser la probabilidad de que confesaran sentirse "llenos" cuando el globo estaba inflado al 70 por ciento.
Cierta región del cerebro se activaba menos en los sujetos con alto índice de masa corporal, mientras que lo hacía más en los sujetos sin sobrepeso. Esta activación se producía cuando los sujetos de estudio decían sentirse llenos. Los que más apetito reconocían sentir tenían las menores tasas de activación en ese punto del cerebro. Así, este estudio proporciona la primera evidencia de la conexión entre dicha región y las sensaciones de hambre o saciedad mientras el estómago está siendo llenado, demostrando, según los investigadores, que su activación suprime el apetito.
Los científicos observaron también una gama de hormonas que regulan el sistema digestivo, para ver si desempeñaban algún papel en las respuestas a las sensaciones de saciedad. La grelina, una hormona conocida por estimular el apetito y causar saciedad a corto plazo, mostró la mayor relevancia. Los investigadores constataron que los individuos que tenían los más altos incrementos en los niveles de grelina después de que sus estómagos estuvieran moderadamente llenos, presentaban también la mayor activación de esa región del cerebro. Esto sugiere que la hormona grelina puede controlar la reacción de esa región del cerebro a las señales de saciedad enviadas por el estómago.
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